Enamorarse es siempre algo mágico. Parece eterno, como si el amor durara siempre. Creemos ingenuamente que de alguna manera estamos exentos de los problemas que aquejaron a nuestros padres, libres de la posibilidad de que el amor se desvanezca, seguros de que estamos destinados a vivir felizmente para siempre.
Pero cuando el amor cede y la vida diaria comienza a imponerse, los hombres siguen esperando que las mujeres piensen y reaccionen como hombres y las mujeres esperan que los hombres sientan y se comporten como mujeres.
Sin un conocimiento claro de nuestras diferencias, no nos tomamos el tiempo para comprendernos y respetarnos. Nos tornamos exigentes, resentidos, criticones e intolerantes. Aun con las mejores y más afectuosas intenciones, el amor sigue muriendo. De alguna manera los problemas se abren camino. Los resentimientos toman cuerpo. La comunicación se interrumpe. La desconfianza crece. Surgen el rechazo y la represión. Se pierde la magia del amor.
Nos preguntamos:
¿Cómo sucede?
¿Por qué sucede?
¿Por qué nos sucede a nosotros?
Para responder a estas preguntas nuestra mente ha desarrollado brillantes y complejos modelos filosóficos y psicológicos. Sin embargo, las pautas siguen apareciendo. El amor muere. Le ocurre a casi todo el mundo. Leer el resto de esta nota »
Una pareja, totalmente enamorada, me contaba el otro día que para ellos, la mayor aventura de sus vidas había sido conocerse.
Entonces le dije que el principio de la sabiduría- siguiendo la filosofía y la corriente espiritual cristiana y la oriental- era conocerse a sí mismo.
¿Por qué?, me dijeron con cierto aire de inquietud en sus ojos bañados de una preciosa luminosidad.
Muy sencillo, les contesté. El conocimiento de sí mismo es la autopista para llegar a todas partes con plena seguridad y con el corazón feliz y rebosante de alegría. El conocimiento de sí mismo es la misma plenitud humana. Una persona que se conoce a sí misma, se convierte en un filtro por el que pasa sólo lo que es digno, loable, bueno y bello. Lo demás se rechaza.
Nuestras relaciones- seguían hablando –marchan muy bien desde el día de nuestro primer encuentro, en el cual comenzamos una carrera brillante basada en el conocimiento mutuo. No hemos tenido decaimientos, ni rupturas, ni desengaños. Andamos por un camino de rosas. Nuestro conocimiento hace que las espinas que se ocultan tras la belleza de las rosas, no nos pinchen ni hieran nuestras relaciones.
No se trata de un conocimiento intelectual o analítico. Se trata de acercarnos el uno a la otra o viceversa con la confianza que engendra el afecto en el marco del diálogo que crea intimidad en nuestras vidas jóvenes. Nuestros corazones son océanos por los cuales solamente navegan los barcos de la amistad, el conocimiento sincero y el crecimiento de dos enamorados que maduran hasta la sazón
¡Vive hoy feliz!
Fragmento de “Momentos de Paz” del P. Salesiano Felipe Santos
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