Enamorarse es siempre algo mágico. Parece eterno, como si el amor durara siempre.
Creemos ingenuamente que de alguna manera estamos exentos de los problemas que aquejaron a nuestros padres, libres de la posibilidad de que el amor se desvanezca, seguros de que estamos destinados a vivir felizmente para siempre.
Pero cuando el amor cede y la vida diaria comienza a imponerse, los hombres siguen esperando que las mujeres piensen y reaccionen como hombres y las mujeres esperan que los hombres sientan y se comporten como mujeres.
Sin un conocimiento claro de nuestras diferencias, no nos tomamos el tiempo para comprendernos y respetarnos.
Nos tornamos exigentes, resentidos, criticones e intolerantes.
Aun con las mejores y más afectuosas intenciones, el amor sigue muriendo.
De alguna manera los problemas se abren camino. En la pareja las buenas intenciones no son suficientes

Conocer para amar
La amistad no se conquista, no se impone, se cultiva como a una flor,